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     Junio llegó a su término, y con ello nuestra segunda campaña solidaria en colaboración con Asociación para la Solidaridad. Antes de hacer recuento de la propia campaña, y como broche de estos doce meses colaborando con esta ONGD, os quiero hacer llegar una entrevista transcurrida cuando apenas llevábamos unas semanas de andadura.

     Se trata de un amigo que tiene mucho que ver con Asociación para la Solidaridad (de hecho es el actual presidente de honor). Y es que, aunque dicen que uno elige a sus amigos, también pienso que en primer lugar Dios te los va poniendo en el camino, y luego cada cual decide. Al menos así de claro lo veo yo con los míos.

   Pedro López Calvo es amigo desde mi adolescencia, y por tanto hemos compartido mucho desde entonces, y entre tanto, también nuestros proyectos. Como misionero redentorista, hace años que me habló de Asociación para la Solidaridad, ONG vinculada a la orden,  y primera beneficiaria de nuestro proyecto Jardín de Gente. De modo hace unos meses, amistad y solidaridad se dieron la mano en una terraza en Salobreña, y fruto de ello es la entrevista que os ofrezco a continuación.


     Os dejo pues con el que ha sido, hasta hace poco, superior provincial de la Congregación del Santísimo Redentor. Disfrutadla:


ENTREVISTA

    Muy buenas Pedro. Empiezo reflexionando sobre el propio carisma de la congregación redentorista a la que perteneces, el cual lleva implícito la caridad en la misión, lo que conlleva la ayuda humanitaria a los desfavorecidos, ¿qué necesidad hay pues de que surja la Asociación para la Solidaridad? ¿Por qué nace esta ONG?
     Pues efectivamente, la congregación nace para anunciar el Evangelio a los más abandonados, y anunciar el Evangelio significa que se anuncia la Palabra pero también se responde a las necesidades, a las urgencias que conlleva la evangelización, y ahí viene la caridad y la solidaridad. 
     Hay un momento, en 1991, en el que nos damos cuenta de que hay que crear un cauce legal para que la solidaridad llegue mejor a los lugares de misión, y por eso empezamos a plantear que haya una organización reconocida por el Estado. Así nace primero una organización juvenil, en el año 91, y en el año 1992 la convertimos en Organización No Gubernamental. 
     El sentido es ése: encauzar la solidaridad de las parroquias y comunidades redentoristas en favor de los países del sur, y a través de un cauce reconocido por el Estado, lo cual supone que tienes que rendir cuentas ante el Estado y puedes también recibir subvenciones; pero por encima de todo hay una fiscalización para que todo el mundo tenga claro que lo que se da, llega al lugar destinado.

   ¿Donde se centra especialmente esta ONG? ¿Su tarea discurre paralela a los lugares de misión o lleva a cabo otro tipo de trabajos?

     Es una Organización No Gubernamental para el Desarrollo. Hay otras que son del ámbito social o educativo, pero ésta es para el Desarrollo, y eso supone que los proyectos que llevamos adelante son proyectos que promueven la dignidad de la persona humana, como es creación de una escuela, o la creación de una cooperativa o un hospital. 

     Nuestro ámbito de actuación es en primer lugar los espacios donde los misioneros están trabajando (en América, en África o Asia); son los lugares prioritarios, pero no exclusivamente. Hay también muchos proyectos que se nos presentan, de otras instituciones, pero siempre desde los países del sur, y si realmente responden a los criterios que tenemos como ONG, se asumen como propios.

    Como anécdota conocida en Granada, se comenta que el Padre Manjón, antes de dedicarse a divulgar el Evangelio en las zonas deprimidas, lo primero que hacía era fundar escuelas, procurar alimento a estos colectivos, formarlos como personas, y en último lugar llevaba a cabo la propia misión evangelizadora. ¿Crees que el proceso debe ser así?
     Está claro. Primero se trata de detectar las necesidades que tiene la gente. No se puede anunciar a Cristo si la gente está pensando en cómo llenar el estómago porque está muerta de hambre. En estos momentos, la acción evangelizadora de la Iglesia, y desde luego de los misioneros redentoristas, está clara: llegas a un lugar a anunciar al Evangelio, y se organiza el propio anuncio junto con la respuesta a las necesidades sociales de aquella gente. 
     En estos momentos la evangelización hay que entenderla en esta doble dimensión del anuncio de la Palabra y de promoción. ¿Qué es lo primero? Van muy de la mano; hay veces el las que es necesario comenzar construyendo algo, y otras veces en las que te acercas a una comunidad, anuncias, creas la comunidad cristiana, y con ello vas detectando cuáles son las necesidades que tienen. Lo importante es responder a las dos opciones.


   Últimamente hemos asistido a una proliferación de muchas ONG con distintos objetivos y distintos caracteres ¿crees que esto responde a la necesidad de canalizar distintas iniciativas de carácter benéfico que en muchos casos parten de personas que se quieren desvincular de la tradicional caridad derivada de la acción evangelizadora? 
     En torno a los años 80 y 90 es cuando nace con fuerza el fenómeno de las ONG. Creo que la primera intención por parte de todas ellas es buena: se trata de crear una estructura que posibilite la solidaridad con los países del sur, con los más necesitados. En la mayor parte de las ONG vinculadas a la Iglesia el objetivo es éste, pero es verdad que alrededor de estas ONG que quieren encauzar la solidaridad nacen otras ONG que lo que quieren es convertirse también en un instrumento para conseguir financiación: una parte iría destinada a los lugares de misión, y otra parte (una gran parte por desgracia), se convierte en una forma de financiar a un grupo determinado. Por eso hay que estudiar muy bien a qué ONG le podemos dar nuestro dinero, si realmente están respondiendo a urgencias de la gente más necesitada, o si realmente son un instrumento también para conseguir dinero. Globalmente creo que podemos fiarnos de las ONG, pero sí tengo que decir que las ONG vinculadas a la Iglesia son realmente fiables. La proporción del destino de sus ingresos va prácticamente en un 5% para su funcionamiento y un 95% destinado a los fines específicos, mientras que en otras ONG la proporción no tiene nada que ver.

    ¿Cual sería tu análisis global sobre distribución riqueza y bienestar mundial? ¿Hay signos de esperanza que permitan poner fecha al fin de la pobreza?
     Bueno… vamos para atrás. Efectivamente, con los avances que tenemos, la gente podría comer y vivir dignamente en todo el mundo, hay pan para todos y posibilidad de cultura para todos. Pero ¿qué ocurre? Ocurre que los países occidentales, los países ricos, vamos subiendo nuestro nivel de vida y necesitamos cada vez más energía, energía limitada que acaba quitándose a quien menos tiene. En los últimos años sorprende que el desequilibrio ha aumentado a un ritmo increíble: los países ricos son más ricos, y los países pobres son más pobres. Por tanto, se quería cumplir en 2015 con los objetivos del milenio, se quería terminar con el hambre en el mundo, y resulta que hay más necesitados que hace veinte años. Por tanto, la situación, lejos de mejorarse, está empeorando a una marcha increíble. La crisis en la que estamos metidos ha hecho que todavía aumente más la diferencia entre pobres y ricos y la cosa por desgracia no va mejorando.
   Sí es verdad que hay lugares concretos donde están actuando algunos países, donde están actuando las ONG, en los que sí hay efectivamente una subida del nivel de vida, pero en términos globales, por desgracia no tengo mucha esperanza en estos momentos.

     ¿Qué papel podría desarrollar la ONU en este terreno? ¿Qué impedimentos le impiden liderar este esfuerzo?
   Esa debería de la labor principal de la ONU y de todos los organismos dependientes, precisamente hacer de canal para llegar especialmente a los más necesitados, pero el hecho es que no lo está haciendo. No lo está haciendo porque la ONU está gobernada por países ricos, los que tienen derecho a veto, y son los que al final toman las decisiones. Tengo la impresión de que el futuro de la ONU podría ser algo mucho más hermoso si dejara de ser un instrumento politizado y se convirtiera en un instrumento estrictamente para conseguir la paz, conseguir que llegase el alimento, la cultura… Sería un papel precioso, ojalá pudiera llegar a eso.

     La inoperancia de los políticos en su conjunto empieza a ser suplida con un movimiento silencioso a nivel civil. Las redes sociales ayudan mucho en esta tarea de concienciación. Sin embargo, a los ciudadanos de a pie aún nos cuesta dar el paso, aunque sea pequeño, del compromiso y la colaboración. ¿Estamos un poco anestesiados en nuestra comodidad?
     Sin duda. Estamos bastante anestesiados, porque uno sabe que en la medida en que la sociedad cambie hacia una clave mucho más solidaria, yo tengo que renunciar a parte de lo que tengo, porque si no, es inviable, y a la gente le cuesta renunciar a esa parte que cree conseguida, que ya tiene conseguida con el tiempo. Pero no hay otro camino, es decir, el camino para que al menos estén cubiertas las necesidades básicas de los habitantes de la Tierra está en que yo tengo que desprenderme de algo de lo que me sobra, que es mucho, para que ellos tengan lo necesario para vivir. Por tanto hay que cambiar el chip.
   Una reflexión que me hago es que, por ejemplo, en el mundo hay 1000 millones de católicos, pero hay otros 800 millones de cristianos, casi 2000 millones en total. Solamente si nosotros dijéramos «pues vamos a cambiar el chip, vamos a compartir un 10% de lo que tenemos con nuestros hermanos mas necesitados», habría una hecatombe increíble,  un vuelco tremendo en el que todo el mundo comenzaría a vivir dignamente.
     Por tanto yo creo que sí tenemos que sensibilizar a la gente buena, a la gente de buen corazón, y en nuestro caso los cristianos tenemos que sensibilizar a otros cristianos en el sentido de que no podemos vivir de esta manera porque si no, esto es inviable; es inviable para el futuro de la humanidad y es indigno que estén muriendo tantas personas que no tienen acceso a lo básico para vivir cuando nosotros tenemos unas creencias que nos invitan a todo lo contrario. ¿Sería posible?

    Y qué opinas del papel del Papa Francisco en cuanto a liderazgo mundial referido a esta concienciación tan necesaria para que todos nos involucremos en la caridad al necesitado?
     En el tema del liderazgo yo creo que no tenemos mucho ya que añadir a lo que sabemos todos ¿no? Es un líder y además ahora es el líder número uno: número uno en Time y número uno para todos los grandes periódicos y revistas del mundo. Y además merecido, ganado a pulso. Un hombre sincero, un hombre coherente, un hombre muy solidarizado, muy sensibilizado con el tema de la pobreza en el mundo, muy cercano a los pobres. 
    Me sorprende que de momento esté visitando a los países más necesitados, no está visitando a los países de siempre. El primer país europeo que va a visitar es Albania, el país más pobre de Europa, el día 21 de septiembre.
     Realmente este hombre está dando en la clave. Se ha puesto al lado de los más necesitados, de los más abandonados, y como su voz es una voz escuchada, yo creo que va a tener una influencia a nivel mundial, y espero que también a nivel de Iglesia, a nivel interno. Es un motivo de esperanza la llegada del Papa Francisco en este tema, en poder hacer para que todos tengan lo necesario para vivir dignamente.
   
     Respecto a Honduras, elegido como el primer proyecto en el que quisimos involucrarnos colaborando con Asociación para la Solidaridad, me llamó la atención el enorme nivel de corrupción que tiene este país, al margen de la pobreza ¿qué escenario de evolución social y de desarrollo vaticinas en los próximos 10 ó 15 años? ¿Hay esperanzas de que pueda haber una mejora real en el país ?
     Honduras es un país muy conocido y querido por mí. Mi primera misión allá en América en el año noventa fue en Honduras; era un país pobre, sin violencia, tranquilo… En estos momentos, según los datos de la ONU, Honduras es el país más violento del mundo, el primero, aún por delante de El Salvador y Venezuela que son los que le siguen. Un país con una pobreza extrema, el segundo país más pobre de América Latina, después de Haití, y lo increíble es que en ese clima de corrupción, en ese clima de violencia, es casi imposible sacar nada adelante; a mí me cuesta decir esto porque es un país que quiero mucho, pero es un país… sin esperanza; entre el miedo de la gente a salir a la calle, entre la pobreza y la corrupción, es un país bastante acabado; hay que empezar casi de cero, empezando por acabar con el fenómeno de las «maras», que tienen atemorizada a toda la población (y casi todos los jóvenes están metidos, una gran cantidad), de modo que es un país con un futuro muy incierto.
   ¿Ahí que se puede hacer? Pues lo que está intentando hacer la Iglesia católica y muchas organizaciones en torno a la Iglesia, como Asociación para la Solidaridad, en lugares concretos: acompañar a las comunidades en la asunción de los valores del Evangelio, y en la promoción humana y social. Pequeños pasos en lugares muy determinados, para ir cambiando la concepción, pero hace falta aparte de ésto una fuerte intervención de los poderes públicos, y también creo que la ONU debería intervenir en países como éstos, porque si no, el futuro es muy complicado.

    Y los jóvenes de este país ¿los ves como fuente de esperanza o pueden acabar sumidos en los mismos círculos viciosos de corrupción y dominio de aquellos que actualmente ostentan el poder?
      El gran problema está en las maras, estas pandillas juveniles que realmente tienen el control del país. Tienen aterrorizada a la población con asesinatos permanentes en cada barrio, el ejército está también involucrado porque además ha entrado el tema de las drogas… 
      Drogas, violencia, maras… es muy difícil sin una acción coordinada a nivel internacional el poder ayudar a estos países, sobre todo Honduras, El Salvador, Guatemala, y algo menos Nicaragua.


    Aun así, a pesar de las dificultades, siempre hay un voluntariado desinteresado que ofrece su vida desplazándose a destinos difíciles, que se separa de los suyos, que se entrega en totalidad… ¿qué me puedes decir de éstos, los auténticos héroes que están intentando cambiar estos países?
      Lo son, son héroes y además admirables. Es increíble cómo las comunidades cristianas y católicas de aquellos lugares son comunidades que están compartiendo y creando solidaridad, haciendo que haya cierto progreso allí donde están, y es admirable que mucha gente de nuestra tierra (en concreto desde España todos los años se trasladan hasta allí muchos jóvenes), ponen su tiempo libre a disposición de aquella gente, compartiendo el día a día con ellos, e involucrándose en el desarrollo de los proyectos que se están llevando a cabo por nuestras comunidades. 
     Yo creo que este es el motivo más grande de esperanza en estos momentos: que haya gente que sigue creyendo en los hondureños, y que va allí para compartir con ellos y ayudarles a salir de esta situación. Realmente es admirable y es una experiencia riquísima para los voluntarios que van desde aquí: por el clima de acogida, por la posibilidad de ayudar a generar esperanza; y es también precioso para los de allí porque en nosotros ven esperanza, ven que hay posibilidades de salir de esta situación. 
     
        Y sólo por eso merece la pena…
     Sin duda, sólo por eso y luego por el bien que se realiza. Cuando se monta una escuela en un lugar donde los chavales no tienen acceso a la educación, la satisfacción que se tiene al estar allí inaugurando con ellos, el rostro de aquellos chavales, de los padres… es impresionante.

    Muy bien. Pues me quedo con esa reflexión que creo que es importante: es necesario que todos nos desprendamos de un poquito, como la única posibilidad de que otros tengan acceso a lo imprescindible. 
   Agradecemos tus palabras, tu testimonio y tu sonrisa, sobre todo hoy, cuando mantener la sonrisa frente a las adversidades parece que cuesta un poquito más. Gracias por todo.

     ¡ Un placer hermano, a seguir luchando !




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