Quedándote o yéndote (Spinetta): a la memoria de Pepe Hódar


Y deberás plantar

y ver así a la flor nacer

y deberás crear

si quieres ver a tu tierra en paz

el sol empuja con su luz

el cielo brilla renovando la vida, la la la la…


y deberás amar

amar, amar hasta morir

y deberás crecer

sabiendo reír y llorar

la lluvia borra la maldad

y lava todas las heridas de tu alma, la la la la…


de tí saldrá la luz

tan sólo así serás feliz

y deberás luchar

si quieres descubrir la Fe

la lluvia borra la maldad

y lava todas las heridas de tu alma…


este agua lleva en sí

la fuerza del fuego

la Voz que responde por ti

por mí… 


y esto será siempre así

quedándote o yéndote…




     Mañana seremos muchos los que acompañemos a Pepe en su despedida. Me consta que es una persona muy querida en Granada, y como me decía mi gran amigo Carlos, su hijo, ir con él por la calle supone llegar tarde a todos sitios, de la cantidad de gente que va parándolo para saludarlo.


     No traté mucho a Pepe mientras coincidimos en esta vida, pues si lo analizamos bien, es muy poco el tiempo que realmente pasamos junto a quienes nos rodean. Prisas excesivas, trabajo, ocupaciones diversas, incluso aficiones mal compartidas nos llevan a estar demasiado ocupados en nuestras cosas, y a veces, incluso se dedica menos tiempo a quien tienes más cerca.

     Sin embargo, pese a no haber compartido muchas horas, siempre hubo una complicidad especial, entre otras cosas, por el enorme cariño que tengo a Carlos, y esto es algo que un padre capta a la primera. Y además de esa simpatía y afecto mutuos, dice Jesús que «por sus frutos los conoceréis», y efectivamente, Pepe dejó buenos frutos. 
     Traté más con Carlos y con su hermano Javier, que con sus otros dos hijos (Julio y Lidia), pero se desprende que fueron muchas las excelencias que heredaron de su padre. De ahí el carácter alegre y jovial, el buen gusto y la simpatía, gente de puertas siempre abiertas que no sólo comparten lo que tienen con sus amigos. 


      Deducimos por tanto que Pepe lo hizo bien; como dice la letra de esta sublime canción, Pepe plantó, creó, amó, creció riendo y llorando, luchó y compartió su luz. Como todos, tendría sus defectos, pero lo que aportó al mundo ahí está, como un testigo que brilla y que se renueva de forma especial en sus hijos. Sea pues esta publicación un homenaje a Pepe y también de forma especial a Carlos, mi buen amigo, que tanto ha enriquecido mi vida.

      Ahora, como dice también la canción, ha llegado el momento en el que Pepe mira hacia arriba para refrescarse con esa lluvia que cae, purifica, calma y lava las heridas. Creo hasta la médula en lo que para otros es una idea imaginaria casi increíble: el cielo. No es cuento, es realidad. Lo veremos en su momento, y como Pepe, tendremos el encuentro más esperado de nuestra existencia. Viviremos en plenitud para siempre, amparados por un Dios bueno que nos ha creado para ello, y rodeado de todos los que anhelamos. Así lo vivirá ahora Pepe, al encontrarse con tantos y tantos, más de los que imagina, no creo que falte ninguno: son muy pocos los que conscientemente rechazan el regalo de la eternidad y deciden no entrar en el Banquete sin fin.

     Me hubiese gustado estar en su última hora, quién me lo diría cuando anoche llamé a Carlos para preguntar por su salud y todo apuntaba a una mejoría considerable…

     Que nuestras oraciones de hoy le den un fuerte empujón y lo ayuden a prepararse para entrar allí… al Cielo…


     Letra y música: Luis Alberto Spinetta.

     Disco: kamikaze (1982)
     Ya hablaré en otra ocasión de este grandioso lp. Hoy tocaba hablar del Cielo, allí está también Spinetta ensayando los acordes…

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