S.O.S. Iraq: nuestra indiferencia nos convierte en cómplices. Accionesconcretas para ayudar




     «Hemos perdido la ciudad de Queragosh (Quaraqosh). Cayó en manos de ISIS y sistemáticamente están decapitando niños. Esta es la ciudad en la que hemos estado llevando alimentos de contrabando.
     ISIS ha hecho retroceder a Peshmerga (fuerzas Kurdas) como a 10 minutos de donde nuestro equipo de CRI trabaja. Miles más volaron en la ciudad de Erbil. Las UN evacuaron a su personal de Erbil. Nuestro equipo está inmovilizado y se quedará. Necesitamos cobertura de oración.

Para mayor información esto está ocurriendo al Norte de Irak:

1) ISIS ha tomado la ciudad cristiana más grande. Quaraqosh. Los residentes huyen. 


2) El Iraquí MP se desborda en lágrimas suplicando al Parlamento que salven a los Yazidis del Genocidio.


Por favor orar sinceramente para la liberación de la gente en Irak del norte del terrible avance del ISIS y sus metas extremistas: las conversiones masivas o la muerte de los cristianos por toda la región.


Por favor no ignorar este correo y no lo reenvíe antes de haber orado por esto.

Envíelo a tantas personas pueda.

Envíelo a sus amigos y cristianos que conozca. Envíelo a su grupo de oración, a su Pastor o Sacerdote y que pidan oración por esta situación en el servicio del domingo.

Necesitamos orar mucho, si tienen grupos de oración reenvienlo por favor, para que hagamos cadena »



      Estás  son palabras  recibidas el día 3 de septiembre de Sean Malone, trabajador de la organización CRI (Crisis Relief International), en un intento desesperado de obtener ayuda y consolación de sus hermanos cristianos. Operando en Iraq como una forma más de ayuda humanitaria, CRI se convierte en testigo de la aniquilación que asola esta zona. Pero la cosa ya viene de lejos…


     La palabra mártir ocupa últimamente un doloroso lugar en el mundo cristiano. Sometidos a acosos, amenazas, atentados, humillaciones, la situación se ha vuelto particularmente dramática en muchas partes del mundo desde hace bastantes meses, pero no se conocía en décadas una barbarie tan tremenda como la que se está viviendo en Iraq.


     Hace unos días, un numeroso grupo de ciudadanos de bien, la mayoría católicos practicantes, se daban cita en Madrid ante la embajada de Iraq, en una cadena de oración por los cristianos perseguidos en la zona norte de este país. El Papa Francisco ha convocado una jornada de oración y ayuno para hoy, día 7 de septiembre, y después de haber recibido el reporte de su enviado especial a las zonas limítrofes con la ocupación de Isis, ha manifestado su intención de intervenir personalmente en el asunto si los signos no cambian a mejor. 
     Y es que la situación se está convirtiendo en desesperada. Amenazados desde hace semanas por el movimiento yihadista, a nuestros hermanos cristianos de esta parte del mundo se le dieron tres opciones: convertirse al islam, pagar un impuesto mensual de unos 400 dólares al mes (imposible para casi ninguno de ellos) por no hacerlo, o huir del país antes de ser asesinados. Así de radical.



      De hecho, empezaron a marcar las casas de los cristianos con la letra N del alfabeto árabe, significando «nazareno», que es el término despectivo utilizado por estos extremistas para llamar a los cristianos. Esto dio lugar a un movimiento en las redes sociales y en distintos medios y círculos dentro del mismo Iraq llamado «yo también soy nazareno», como una forma de protesta y sensibilización con estos perseguidos, y que también ha costado la vida a muchos de los que la han secundado. Como el profesor universitario musulmán Mahmoud Al’Asali, que trabajaba en la Universidad de Mosul, y que tuvo el valor de denunciar estos atropellos que, según su opinión, van en contra de los preceptos del Islam, un gesto que pagó con su vida.


     Desde entonces, apenas unas semanas han bastado para que nos inunden imágenes de miles de personas huyendo con lo puesto, niños degollados, periodistas y otros muchos decapitados, y una sinfín de barbaridades propias de épocas que ya quisiéramos haber olvidado…


      Occidente y las pocas autoridades en las zonas devastadas reaccionan tarde, y mientras tanto miles de cristianos, personas normales que llevan una vida normal, se ven en la encrucijada y tienen que elegir… y muchos de ellos eligen a Cristo entregándose, no sin tremendo pavor, a la acción criminal y terrible de esta gentuza. Estos son nuestro mártires, gente corriente que, lejos de fanatismos religiosos, eligen morir antes que negar a su Dios; un Dios que sufre con el dolor de estos sus hijos, y que tal vez esté permitiendo esta barbarie para que que nosotros, los acomodados, los que estamos ajenos a este horror, despertemos de nuestra indiferencia y nos convirtamos de verdad. ¿Acaso no estará siendo esta una llamada a la conversión, como ya pasó en otros tiempos?

          Me viene en este caso el recuerdo de unas palabras del Papa Benedicto XVI recogidas en la segunda parte de su obra «Jesús de Nazaret», y que viene al pelo:  «La somnolencia de los discípulos sigue siendo a lo largo de los siglos una ocasión favorable para el poder del mal. Esta somnolencia es un embotamiento del alma, que no se deja inquietar por el poder del mal en el mundo, por toda la injusticia y el sufrimiento que devastan la tierra. Es una insensibilidad que prefiere ignorar todo eso; se tranquiliza pensando que, en el fondo, no es tan grave, para poder permanecer así en la autocomplacencia de la propia existencia satisfecha.»


     Y ¿qué podemos hacer? Cualquier cosa menos pasar página. 

    
     1) Para empezar, no está de más propagar esta noticia, ya que los medios no se ocupan de hacerlo o la camuflan de una forma genérica. Por ejemplo, es curioso que muchas de las llamadas de atención de Amnistía Internacional hablan de este asunto refiriéndolo como «éxodo forzado» o «persecución de minorías», sin hacer jamás mención al asunto de la persecución religiosa, y mucho se cuidan de que no aparezca la palabra «cristiano» en ninguno de sus comunicados respecto a este tema. Aprovechemos pues los medios que tenemos a nuestro alcance para compartir las noticias explícitas sobre este asunto (hoy todos lo hacemos con cualquier chiste que nos manden, difundiéndolo a través del móvil y las redes sociales).

      2) En segundo lugar, firmar las alertas que numerosas organizaciones esparcen por la red con el objetivo de dar a conocer los hechos y, sobretodo, meter presión a las autoridades y gobiernos acomodados. Como por ejemplo la de éste enlace.



          3) Colaborar activamente con aquellos que trabajan ayudando a los pocos que sobreviven o huyen de las ciudades asaltadas. Si nuestro apoyo logístico no es fácil, sí podemos colaborar económicamente con ellos. Os dejo otro enlace.

             4) Para los que tenemos fe: orando por ellos, sobretodo para que Dios les de fuerzas en la hora de la prueba y para que arroje luz sobre tantos que pueden contribuir a cambiar la situación. No se trata de que Dios haga milagros, su máxima es respetar la libertad del hombre aún cuando las consecuencias sean terribles. Pero a través de la oración Él se ve como «ayudado» para poder conmover los corazones de los hombres, única manera de que este cambio se traduzca en acciones concretas que den un vuelco a los hechos. Aunque pueda parecer contradictorio, Dios necesita de esas oraciones, de esas peticiones conmovidas para intervenir e influir más en los actos libres. Es un misterio en el que confluyen el amor, el respeto por nuestra libertad y la Divina Providencia.

    Y sobre todo, no olvidarnos de este genocidio. Debemos tomarlo como un asunto nuestro, personal, y que no se va a arreglar fácilmente con unos cazas americanos. De hecho, puede que esta situación se haga extensiva a otras partes del mundo. Se necesitará mucho diálogo (aunque con estos fanáticos es imposible), al menos con el mundo musulmán más tolerante. Será un trabajo de gobiernos y autoridades religiosas, pero también necesita del apoyo, presión y vigilancia de los ciudadanos; y para los creyentes, este asunto exige moralmente una mayor una implicación.
     

     REINA DE LOS MÁRTIRES

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