Tiempos de ébola: entrevista a Germán Moreno López, hermano de la OrdenHospitalaria de San Juan de Dios.

      

               GERMÁN MORENO LÓPEZ

     Son tiempos difíciles. Occidente empieza a ser consciente de que hay una enfermedad que se contagia fácilmente y con una alta tasa de mortalidad. Su nombre, conocido desde hace décadas, no había hecho apenas más ruido que esas otras noticias que nos llegan de lejos, y casi siempre del continente africano: ébola, hambruna, violaciones de derechos, dictaduras, guerras…  Infiernos que nos parecen de tiempos pasados o incluso de película, pues ya somos insensibles a todo. Ni los periódicos antes, ni la televisión después, ni tan siquiera el riguroso directo de hoy con las tecnologías digitales… nada ha movido apenas a un porcentaje significativo de la población occidental a hacer algo realmente digno para intentar erradicar la miseria y el terror de estos países. Y no digamos ya las autoridades y gobiernos.

    Ahora sí. Empieza a haber miedo. Sabedores de los déficits presupuestarios y formativos de los profesionales que deben vigilar la epidemia, los países ricos se ponen nerviosos cuando el virus empieza a tener presencia en poblaciones que estaban libres de la enfermedad. Y comienzan las reuniones urgentes, los congresos acelerados, y se activan mil y un protocolos en los que, atropelladamente, a veces se plantean disparates. 





     Dentro de estas medidas, se pone en entredicho la «necesidad» de repatriar a los voluntarios que han acudido a socorrer a estas personas de carne y hueso como nosotros, y que han tenido la desgracia de contraer la enfermedad. En este punto quiero ser sensato, y aunque me cueste, si es cierto que occidente no está preparado realmente, tal vez habría que considerar este extremo como un «supuesto razonable», ya que poner en peligro la salud de todo un país no es un asunto baladí. 

     Pero claro, yo me pregunto: ¿es que realmente un país como España no puede permitirse cuidar a un enfermo como los misioneros Miguel Pajares y Miguel García Viejo con un 100% de seguridad? ¿Por qué? ¿Acaso no se hacen inversiones milmillonarias para cualquier tipo de evento deportivo o de carácter presupuestario en las que no parece tan claro que el fin lo merezca? ¿Y lo que nos roban los políticos, las instituciones, etc. y que casi todos nos dejamos robar por nuestro poco coraje y determinación a la hora de exigirnos unos gobernantes decentes?
     Y ahora… a quienes dan la vida por los otros… ¿los dejamos fuera por miedo al contagio? ¿sin más? Puestos ya, cortemos el cable directamente con África: nada de aviones, barcos, ferrys, y a hundir lanchas de inmigrantes cuando las veamos asomar, por si acaso. Dejemos en cuarentena (pero de 40 años) al continente entero y ya volveremos al término a ver cómo les ha ido…

     En este contexto de desorden, en primer lugar de índole moral, vengo a reivindicar la figura del misionero, y concretamente me vuelco especialmente en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, a la que pertenecían estos dos religiosos fallecidos en su lucha por contener la enfermedad y socorrer al enfermo. Institución ésta que tanto ha hecho en favor de los necesitados siguiendo sus principios como orden religiosa, y que simplemente ha querido llevar la Luz y la Misericordia a los más débiles.





      Tengo la suerte de conocer a German Moreno, hermano de la orden y con el que coincido todos los veranos por unos días en la localidad de Salobreña. Allí pude entrevistarle el pasado mes de agosto, apenas unos días después de fallecido el sacerdote Miguel Pajares; en los preludios de la entrevista, me comentaba al respecto:
      «Estaba yo con el provincial  (de la orden), hablando con él de cosas intranscendentes cuando de repente recibe un correo electrónico del hermano Miguel Pajares (…) sería el 27 ó 28 de julio. El correo decía que estaban cuidando al hermano Patrick, un hermano africano que era el gerente del hospital San José de Monrovia y al que yo recibí con 16 ó 17 años cuando entró en la orden, en el año 1978. Al parecer comenzó a tener fiebre y este hermano estaba siendo atendido por Miguel Pajares, el cual se encontraba perfectamente. A los tres días recibimos otro correo diciendo que se le había diagnosticado ébola, había dado positivo. Y a los tres días murió.
     A los dos días siguientes se recibió otro correo informando que el padre Miguel Pajares tenía fiebre y malestar. A continuación se le diagnosticó ébola y fue trasladado a España, la evolución parecía favorable… pero ya has visto. 
    El ébola es un virus que ataca el endotelio de las venas principalmente. Es muy resistente, entre otras cosas, porque hasta ahora no se le ha dado importancia («como está en manos de los pobres…»); se descubre le ébola en el año 76, y se encuentra en monos y murciélagos, y todos los años por estas fechas aparecen casos, hasta que este año la cosa se ha puesto más fea, y cuando la gente ha visto que esto puede venir a Europa, porque hay mucho movimiento de personas, ya por primera vez, empezando por los americanos, se quieren tomar medidas…»


     Nos suena esto de algo ¿verdad?, no es muy diferente de mi análisis inicial.

     Bueno, pues lo cierto es que con esta introducción comencé la entrevista que ahora os expongo íntegramente, todo en una calurosa tarde de agosto, en el piso que Germán comparte con sus hermanos (de sangre), uno de ellos discapacitado. Con la brisa de la costa, y un delicioso sorbete de mango preparado por él mismo, comencé mis preguntas: os dejo con ellas y con sus respuestas.


     Para empezar, cuéntame qué tareas desempeñas en la orden de san Juan de Dios. ¿ Cuál es tu función?
     Bueno, yo entré en la orden con 15 ó 16 años y he pasado, digamos, por muchas situaciones en mi vocación como religioso de San Juan de Dios. He pasado por hospitales de psiquiatría, hospitales generales, hospitales de niños, centros de formación, pasé cerca de 6 años en África en un hospital del Camerún (cerca de la zona endémica que aparece hoy de forma rutinaria marcada con el ébola)… Y después he tenido responsabilidades como superior en el hospital San Juan de Dios en Córdoba y en Alcalá de Guadaira. Actualmente llevo 4 ó 5 años trabajando en unos proyectos de la provincia bética de San Juan de Dios en la promoción de centros especiales de empleo. Concretamente hace diez años empezamos a hacer un centro especial de empleo, una lavandería industrial; como bien sabes, los centros especiales de empleo se caracterizan por ser centros laborales de trabajo donde las personas tienen que tener una discapacidad reconocida como mínimo de un 33%. En esta lavandería industrial de Alcalá de Guadaira lavamos las ropas de los hospitales de la orden hospitalaria de San Juan de Dios de toda Andalucía, concretamente seis.


   Actualmente estoy en Cienpozuelos, en el hospital psiquiátrico de San Juan de Dios, el más grande de España, con 1100 enfermos, donde a pesar del número de enfermos no podemos hablar de masificación. Es un centro que ha sido pionero en los tratamientos psiquiátricos, generalmente crónicos y gravemente afectados y profundos. Muchas veces, vienen enfermos rechazados de muchísimos centros donde les es imposible atenderlos por falta de medios; nuestro hospital es tan grande, que nos permite que cada enfermo tenga su ubicación específica dentro de una ciudad sanitaria, podríamos decir, de forma que no están mezclados los esquizofrénicos con los paranoicos, ni los ancianos con los jóvenes, sino que cada uno está ubicado en su sitio. 

   Mi trabajo en estos últimos 4 años ha sido promocionar los centros especiales de empleo. Hemos abierto otro centro especial de empleo donde están trabajando 42 personas discapacitadas en Cienpozuelos, una lavandería industrial donde atendemos un hospital en Carabanchel, otro en Madrid, y el hospital nuestro de Cienpozuelos. Estoy empezando a actuar en otros proyectos de otros centros, entre ellos uno dedicado a jardinería para los hospitales de San Juan de Dios en Sevilla, Alcalá de Guadaira y Bormujos. 



     Has comentado que tu vocación surgió con 16 años, una edad muy temprana, o al menos así sería visto en la sociedad actual  ¿Cuándo sentiste claramente tu vocación?
    Bueno, yo he vivido en un entorno familiar bastante religioso, incluso tengo un hermano carmelita que lleva 50 años de misionero en Venezuela, habiendo pasado por los suburbios más difíciles. Hablando de mí, en mi familia hemos tenido tres hermanos deficientes que siempre han vivido en nuestra casa, para nosotros han sido como uno más. Mi padre era muy religioso, al igual que mi madre, sin hablar de beatería; no era una persona beata sino profundamente religiosa, y los valores cristianos los he mamado desde chiquitito. 


     En una ocasión un amigo pasó por Cienpozuelos y conoció la orden de San Juan de Dios, lo que me influenció de alguna manera. En los años 63-64 vinieron los hermanos de San Juan de Dios recogiendo trigo por las eras de Churriana de la Vega, que es mi pueblo, en Granada; iban recogiendo trigo para darle de comer a los niños de San Rafael, y tomé contacto con ellos. No se puede decir que tenía vocación religiosa con 15 años, edad en la que se tiene muchos pájaros en la cabeza. Con 15 años a mí me gustaban las chicas y me hacía mis ilusiones también, pero tuve la experiencia de poder pasar por el centro de San Juan de Dios de Cienpozuelos, y durante los dos primeros años tuve la ocasión de ver si efectivamente era una apetencia mía o era vocación. Ahí se inician mis primeros pasos de mi vocación religiosa.



     De alguna forma, el verte involucrado en este tipo de tareas pudo definir tu vocación religiosa, pero ¿nunca te has sentido llamado al sacerdocio?



     No, la vocación de sacerdote no ha sido mi caso. Cuando efectivamente yo llegúe a Cienpozuelos, vi a los enfermos y vi cómo trataban los hermanos a los enfermos, comprendí que a mí aquello me llenaba mucho, llenaba mi vida, y compaginaba mis estudios con mi formación religiosa y con mi conocimiento de la orden hospitalaria de San Juan de Dios.

    Allí pasé dos años y despúes vino un período de noviciado de dos años y fui trasladado al hospital psiquiátrico de San Juan de Dios en Casabermeja, Málaga, dos años intensos para profundizar en los valores de la orden hospitalaria y en el conocimiento de la vida religiosa. Y es ahí donde verdaderamente uno va sintiendo que Dios le llama por ese camino. 
¿Con quince años tenía vocación? Puedo decir que tal y como la siento ahora, no. ¿Me atraía atender a los enfermos, dedicarme a ellos, no sentir repugnacia a pesar de ver personas muy deformadas? Todo eso me hacía quererlos más, me atraía, llenaba mi vida.


     Desgraciadamente, es en momentos de trágicas noticias, como la de ahora del ébola y la muerte de algunos de tus hermanos, en los que se pone de manifiesto la tremenda labor de tantos y tantos que, dentro de la Iglesia Católica, ofrecen su vida por los más necesitados. ¿No crees que es necesario, como un testimonio que invite a la conversión de nuestras sociedades desarrolladas, que se dé a conocer expresamente tanta entrega y esfuerzo?


        Has tocado un punto del que Siempre nos hemos quejado los hermanos de la orden de San Juan de Dios, y es que por nuestra formación y dedicación, no hemos sido capaces de «vender» ni «hacer marketing» de nuestra labor; simplemente nos conocen muy bien las personas que nos tratan, los familiares de los enfermos, pero no nos dedicamos a comunicarlo. También te digo, hablando del ébola: los hermanos de San Juan de Dios, a diferencia de otros religiosos, tenemos un voto más. Los religiosos hacen tres votos (pobreza, castidad y obediencia), y nosotros hacemos otro voto que es el de hospitalidad, el cual nos obliga, incluso con riesgo de la propia vida, a atender a las personas enfermas. De hecho en la historia de la orden de San Juan de Dios, que tiene cuatro siglos y medio, han muerto muchísimos hermanos en epidemias, y ahora lo que hemos visto en Liberia donde han muerto tres hermanos, no es una excepción; los tres son de la misma comunidad, pero no debemos olvidarnos que allí en el hospital había enfermeros, médicos, auxiliares, limpiadores, que también han sufrido esta lacra, y que también efectivamente han sido un testimonio en su dedicación en este problema. Actualmente se está formado un equipo para trasladarse nuevamente a Monrovia para abrir ese hospital que actualmente está cerrado porque es un foco de infección.


    Ahora tendrá que venir un equipo especializado, desinfectar todo el hospital, y abrirlo, no por el ébola, sino por las miles de personas que tienen necesidad de ir allí por los partos, los traumatismos, las hernias, y las distintas actividades que se desarrollan en un hospital, sobre todo las urgencias. Pero los hermanos ahí están, que a pesar de los pocos que somos en la orden hospitalaria de San Juan de Dios, es quizá ahora cuando la orden esté viviendo un esplendor más grande. ¿Porqué ? por que ante la falta de vocaciones la orden hospitalaria de San Juan de Dios ha hecho un esfuerzo muy grande para que las personas que captamos en los puestos directivos sean también portadores de los valores de la orden hospitalaria de San Juan de Dios. De hecho, cuando yo ingresé en Cienpozuelos había 70 empleados y 100 hermanos, ahora somos 5 hermanos y 700 empleados, y de esos 5 hermanos, cuatro están jubilados. Por tanto, la misión de los hermanos no es tanto el acompañar a los enfermos sino el trasmitir los valores de la orden hospitalaria de San Juan de Dios a todos los que trabajan allí: voluntarios, bienhechores y trabajadores.



     En la sociedad actual, mantener unas convicciones ateas desde la postura cómoda y aséptica del bienestar que tanto adoramos, puede ser muy fácil. Pero entrar de lleno en el dolor del enfermo, entrar en contacto directo con sus miedos, sus angustias o sus delirios de forma plena y desinteresada , necesita de un valor y una renuncia que nuestras comodidades no conocen. En toda esa entrega ¿qué papel activo tiene Jesucristo? 
     Yo creo que hoy es muy difícil tratar de vivir la vida religiosa desde los valores del Evangelio, porque estamos sometidos a unos avatares externos (a través de la televisión, los medios de comunicación…), por lo que sólo se puede vivir la vida religiosa con una convicción profunda a través de ese Ser que es Jesucristo, que nos impulsa a dar ese testimonio. ¿Problema grave? Lo he comentado antes: cuando me hablan de la falta de vocaciones y religiosidad, hay muchos componentes (familiares, sociales, educativos). Hoy día, por principio, tiene que haber menos religiosos porque hay menos niños. En mi caso somos ocho hermanos de los cuales dos somos religiosos, pero es que en mi familia hemos llegado a contar 28 ó 30 religiosos; pero claro, mi padre tenía 11 hermanos, mi madre tenía 10 hermanos, mis abuelos también tenían 10 ó 12, y claro, de 10 ó 12 es más fácil que salga uno, pero donde hay uno o dos, entre otras cosas esa familia no quiere desprenderse de esa persona para ponerla al servicio de Dios.

     ¿Cual sería tu análisis global sobre la distribución de la riqueza y el bienestar mundial? ¿Hay signos de esperanza y progreso? ¿Se podrá erradicar el hambre y cubrir necesidades básicas en un futuro a medio plazo? 

     Soy de los que piensa que hay suficiente riqueza para todos, pero la redistribución supondrá una revolución que no puede venir acompañada de sangre y guerras, sino que tiene que ser una revolución desde el punto de vista personal, donde se acepte a la persona que uno tiene al lado como hermano, y donde las necesidades de los que viven lejos de nosotros las sintamos como propias. Eso conlleva una revolución personal muy grande, donde tienen que aparecer nuevamente los valores espirituales que hoy están dormidos; y digo dormidos porque hay mucha gente (lo veo por las personas que pasan por nuestros hospitales y centros), que a veces necesitan de una enfermedad, aunque nadie la quiera, para que se vean con la necesidad de Dios. La enfermedad en sí no es buena, pero puede servir a las personas para hacerlos buenos. La enfermedad no la quiere Dios, de hecho Él se dedicó a curar a los enfermos, pero muchas veces hace que las personas vean las cosas desde otro prisma, desde el punto de vista de la Fe. Pero esto lo veo muy difícil, porque tiene que cambiar mucho la sociedad, el concepto del reparto de bienes no puede venir desde una revolución exterior sino desde una revolución interior.


     No es difícil darnos cuenta de que en términos generales, todos estamos anestesiados en nuestra comodidad (una cosa es «compartir» una noticia en fb y otra distinta es que se dé el paso individual de colaborar aunque sea con una cantidad muy modesta) ¿qué opinión te merece el papel del Papa Francisco en esa concienciación tan necesaria para que todos nos involucremos en la caridad hacia el necesitado? 
     Para mí el Papa Francisco es el enviado de Dios en este momento para dar ese paso cualitativo a la hora de acoger al hermano que tenemos al lado. Ayer mismo le hicieron una entrevista en la que pedían su opinión sobre los bombardeos que está realizando Estados Unidos en el norte de Irak, y él decía que, efectivamente, las autoridades del mundo tienen la obligación de rechazar el mal e impedir que se cometa; otra cosa  sería ver qué métodos se emplean para ello. El Papa para mí es primordial, continuamente nos cuestiona, como cuando afirma abiertamente que la misma Iglesia puede ser un ejemplo de antitestimonio si no es verdadera; cuando hay religiosos que viven como ricos, eso es un antitestimonio. Veo que el papa Francisco está a un nivel popular muy grande, hablándole al mundo sobre lo que hay que hacer, no solamente desde el punto de vista cristiano, sino humano, pues los que no creen, tienen obligación de ayudar a los demás, precisamente por ser humanos, y lo hace en un lenguaje muy sencillo y muy comprensible, para que precisamente los ricos, los intelectuales y todos, sepan claramente cuál es el mensaje del Evangelio sin entrar en grandes y altas disquisiciones teológicas. Cuando dice que hay que oler a los enfermos, no hace falta explicarlo, hace falta estar al lado para que llegue el olor.


     Una última cuestión Germán. ¿Acabaremos reaccionando a tiempo y llegará a verse esa revolución personal?¿hay esperanza en el futuro, en los jóvenes?
     Yo pienso que hay que rezar mucho y actuar también conforme a la fe que cada uno está viviendo. Vemos cómo hay personas  muy comprometidas desde el punto de vista personal que arrastran multitudes precisamente por ese compromiso, y no pasan inadvertidas por los demás. El futuro pasa por esa revolución que he comentado. Hay muchísima gente que se compromete pero con fecha de caducidad, como pasa hoy en día con tantos valores cristianos puestos en entredicho (como la fidelidad en el matrimonio a largo plazo). Es fácil decir «los frailes viven muy bien», pero sin embargo nadie se mete a fraile.
En concreto, la orden hospitalaria está pasando por una crisis vocacional muy grave en toda la zona europea y América, sin embargo están apareciendo muchas vocaciones en Asia (India, Vietnam…). No sé si en el futuro tendrán que venir a evangelizar precisamente a lo que ha sido la cuna de la cristiandad.

    Pues eso es todo Germán. No queda más que agradecerte tu tiempo y tu testimonio, lo que es mucho en estos tiempos tan difíciles. ¡Ah! Y gracias por el delicioso sorbete de mango…


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